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Referentes de las economías regionales hicieron un balance con la mira puesta en 2019

Productores de vitivinicultura, arándanos y maní argumentaron presión tributaria, falta de créditos y factores climáticos que complicaron este 2018

Para los arándanos fue un año en el que se perdió capital de trabajo y no hubo rentabilidad

Las producciones regionales que llegan a la mesa de los argentinos hace tiempo que acarrean problemas y este año se profundizaron. Según el relevamiento que pudo hacer Infobae, la falta de financiamiento a tasas accesibles, la reducción de los reintegros a la exportación, el regreso de las mal llamadas retenciones, los eventos climáticos y las malas prácticas comerciales son algunas de las causas que desbalancearon a las economías regionales.

Para tomar dimensión de la importancia que tienen estas producciones en Argentina, de acuerdo a los datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), cabe destacar que representan al 57% del campo.

A su vez, garantizan la mesa diaria de los argentinos a través de la producción de té, yerba, azúcar, peras, ciruelas, duraznos, manzanas, aceitunas, aceite de oliva, leche y sus derivados, carne vacuna, porcina y aviar,  arroz, vinos y mostos, sidra, porotos, garbanzos, pasas de uva, ajo, miel, cebolla, papa, batatas, hortalizas, limón, frutas secas y finas.

Se estima que en 2018  se exportará por USD 6.200 millones, y por USD 7.000 millones en 2019. Además de ser la base del desarrollo, las economías regionales son las principales tomadoras de mano de obra del campo. Según la entidad, emplean alrededor del 70% de la mano de obra rural, dando trabajo a trabajadores permanentes y temporarios, con mucha migración interna.

"Nosotros pregonamos por una mayor cantidad de siembra, una cantidad mayor de hectáreas plantadas y sembradas, y también por una mayor cantidad de productores.  A este paso, vamos a mayor concentración o a la desaparición de algunas producciones", resaltó Carlos Iannizzotto, presidente de Coninagro, al referirse al último semáforo de noviembre que mostró once producciones en crisis.

Infobae consultó a referentes de la vitivinicultura, de los arándanos y del maní para conocer en detalle lo que va dejando el 2018.

La vitivinicultura, sin motivos para brindar

Yendo de lo negativo a lo positivo, de acuerdo al semáforo de las Economías Regionales que elabora Coninagro, en 2018 la vitivinicultura acumuló diez meses consecutivos en crisis. "A la sobreoferta y baja de precio interno se suman las dificultades de cosecha de la próxima campaña", argumentaron. Cabe recordar que la industria vitivinícola argentina venía de un 2017 muy difícil.

Gabriela Lizana, representante de pequeños y medianos productores vitivinícolas, manifestó: "Enfrentamos el inicio del 2018 con muchos problemas, pero en el transcurso se fue complicando aún más". Y explicó: "La devaluación, si bien mejoró las exportaciones (representan menos del 25% del total de las ventas y están concentradas en muy pocas bodegas que no trasladan los beneficios a los productores), no impactó positivamente en el precio del producto; todo lo contrario".

Las altas tasas de intereses eliminaron las posibilidades de crédito para el sector vitivinícola

Según explicó a Infobae, los precios de la uva y el vino fueron cayendo al punto de no moverse prácticamente en el mercado al día de hoy, lo que implica un panorama complicado para la cercana cosecha. A su vez, resaltó que "los insumos dolarizados, por el impacto de la devaluación, generaron un fuerte aumento de los costos de producción, con un producto cuyo valor va a la baja, y las altas tasas de intereses eliminaron las posibilidades de crédito para el sector".

Esto unido a la continuidad de pérdida de hectáreas de viñedos, y la constante caída del consumo per cápita, para Lizana presenta un panorama terrible para la industria madre de Mendoza. Sin embargo, "el vino en góndola sigue subiendo como si nada de esto fuera real", enfatizó la productora mendocina.

La "super fruta" frente a los jugadores de Chile y Perú

Por su parte, Jorge Pazos, presidente de la Cámara Argentina de Productores de Arándanos (CAPAB), dijo: "Fue un año donde se perdió capital de trabajo y no hubo rentabilidad". Y agregó: "El cambio de los derechos de exportación ($ 4 por dólar exportado o 12%), impacta en 3 ciclos productivos de nuestra actividad, seguramente contra 2 ciclos productivos de otras actividades que no habían iniciado en la primavera de 2018".

La super fruta como la denominan por concentrar la mayor cantidad de antioxidantes, vio desplomarse los precios internacionales. Al respecto, Pazos argumentó: "Por la fuerte y efectiva competencia de Perú y Chile que ofrecen fruta en la misma ventana de producción que nosotros y el mercado se llenó de fruta a precios que Argentina no pudo sustentar por las regulaciones laborales y la logística, dado que ambos competidores tienen facilidades de mejor y mayor acceso".

El arándano se produce hace 20 años en Argentina; en octubre y noviembre son los meses en los que se registra mayor producción (actualmente se cultivan unas 2.774 hectáreas en el NOA, NEA y en Buenos Aires).

De acuerdo al productor, el clima también tuvo su parte, ya que la temporada se demoró en iniciar por la cantidad de horas de frío acumuladas y luego las lluvias generaron otro impacto negativo, justo cuando había disponibilidad para cosechar.

Un aspecto positivo para destacar del 2018 fue la apertura del mercado de China. Sin embargo, el aspecto negativo es que para ingresar al Gigante Asiático, el arancel que tienen es del 30%; mientras que Chile y Perú, competidores del Hemisferio Sur, pagan 0%.

El maní rescata lo bueno

Eduardo Nervi, vicepresidente de la Cámara Argentina del Maní (CAM), resaltó como positivo el lanzamiento de la campaña "Maní para Mí", que tiene como foco aumentar el consumo interno y diversificar la dieta de los argentinos con productos que rescaten el valor nutricional de la legumbre. "El Consejo Federal de Inversiones (CFI), el gobierno de la provincia de Córdoba, la Secretaría de Agroindustria y los Municipios maniseros apoyaron este proyecto", destacó Nervi.

Como negativo, señaló: "Fue la peor cosecha de los últimos 32 años, la vuelta de las retenciones (12%) y la baja de los reintegros de exportación del 3,4 al 1,24". Al igual que el resto de las producciones, se refirió al alto nivel de las tasas de interés para el financiamiento como un aspecto malo para el desarrollo industrial.

Argentina es el principal exportador mundial de maní de alta calidad. Alrededor del 90% de la producción proviene de Córdoba, y más del 90% se exporta. En los últimos 15 años se triplicó la producción, pasando de 200.000 toneladas a más de 600.000 toneladas, de las cuales el 60% corresponde a maní blancheado (sin piel), donde Argentina es el principal exportador mundial. De acuerdo a datos suministrados por la CAM, la cadena es responsable de 12.000 puestos de trabajo directo e indirecto.

Desde el sector manisero, destacaron el lanzamiento de la campaña Maní para Mí con el objetivo de aumentar el consumo interno

En tanto, Pablo Vernengo, Director Ejecutivo de Economías Regionales de CAME, advirtió: "En relación a las producciones regionales que son electrodependientes, como la olivicultura y el arroz,  se han encontrado con tarifas de electricidad extremadamente caras y nos saca fuera de mercado y rentabilidad, por lo tanto, he visto que muchas explotaciones han sido abandonadas por no poderlas regar, se han secado y hay otras trabajando a pérdida hasta donde el sistema permita".

Perspectivas depositadas en la esperanza

Para Pazos, el 2019 será un año de esperanza. "Siendo positivo, creo que hay que desarrollar una Ley específica para el desarrollo de las Economías Regionales y que las variables de mercado, conjuntamente con el sentido común de los funcionarios nos permitan al menos derogar la resolución que impuso un arancel a todas las exportaciones", apuntó.

Por otro lado, Vernengo agregó: "Hay que trabajar mucho y transparentar los mercados. Esperamos que el 2019 podamos hacer un trabajo interesante con el sector frutihortícola y que empiece haber comercio justo". Y argumentó: "El que genera la mercancía primaria debe recibir un precio justo por lo que produce y después, que los otros eslabones en la cadena se vayan adecuando y así, se genere el precio en góndola. Hoy, lamentablemente el valor se está instaurando desde la góndola hacia el productor donde el fusible es el productor".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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