Fundamentos
de un Plan Estratégico Sectorial
Marzo de 2007
Un plan estratégico
sectorial es un proyecto de gran envergadura que pretende proveer
lineamientos de acción para el desarrollo y crecimiento
sustentable de un sector productivo en particular.
Muchas veces las principales ideas
de estos lineamientos ya existen en las voces y mentes de las
partes integrantes del sector, sin embargo, un plan, un estudio
riguroso y técnico, requiere ser plasmado
en un documento sistematizado, el cual a su vez
necesita contar con (y hacer constar) el aval de cada uno de los
actores involucrados.
Es proyecto porque, aunque se
basa en datos e información pasados y/o presentes, sus
propuestas, de serlas, serían implementadas en el futuro.
Debido a ello sus fundamentos se sustentan en gran proporción
en previsiones.
En la medida en que “sectorial”
involucre a todos los miembros de una cadena productiva (producción,
industrialización y comercialización), las interrelaciones
entre estos deben ser correctamente introducidas en el análisis
proyectado (se pueden incluir proveedores, contratistas, mano
de obra eventual, y otros rubros relacionados cuasi directamente
al sector).
El diseño de un plan estratégico
requiere del profundo conocimiento de los actores involucrados,
sus interacciones y objetivos y su relación con el contexto
que los engloba.
Una vez definido el sector, el
planificador necesita conocer donde está parado hoy el
mismo. Ello implica hacer un diagnóstico de la
situación actual, lo cual requiere no solo conocer
su evolución económica hasta el presente, sino también
determinar su potencialidad en relación al futuro. En esta
etapa de definen las tan mentadas fortalezas y oportunidades,
debilidades y amenazas.
Teniendo un panorama descriptivo
de cómo se encuentra el sector y a qué puede aspirar,
se empiezan a perfilar medidas de acción. Este es el punto
en el que se diseña la estrategia.
¿Por qué
hablar de estratégico?
Como se mencionó con anterioridad, un sector comprende
diversos integrantes, los cuales enfrentan diferentes
realidades y objetivos.
Desde la verticalidad de la cadena,
donde un salario es el beneficio de un empleado pero el costo
del productor y donde el precio que enfrenta el empresario en
una etapa productiva es el costo del empresario en la etapa subsiguiente,
y hasta en su horizontalidad, donde entre firmas de un mismo nivel
compiten por compradores, proveedores e incluso mano de obra,
las matrices de pagos en un sector constituyen un complejo entramado
de relaciones cuyos incentivos muchas veces se mueven en dirección
opuesta.
De esta manera, una política
puede beneficiar a un productor más que a otro, o incluso
perjudicar a algunos, lo que a su vez puede ir en contra de ciertos
industriales mientras beneficia a otros, y así sucesivamente
con el resto de las partes constitutivas del sector. Los beneficios
y/o pérdidas de tales políticas pueden presentarse
por zonas geográficas (proximidad al mercado promovido,
a la infraestructura articulada, aptitud de suelo y/o clima en
relación al producto incentivado, etc.), por sistemas productivos
diferenciados, por eslabón en la cadena productiva, por
la escala de producción, etc..
El planificador debe considerar
en todo momento el carácter sistemático del proyecto,
teniendo como principal meta diseñar las medidas que
más beneficien (o más aproximen a los objetivos
propuestos) al sector en su conjunto, previendo
mecanismos de compensación en los casos particulares que
se vean perjudicados (las medidas a tomar serán las que
arrojen mayores beneficios netos, esto es, descontados los costos
de compensación). Estas medidas deben contemplar, no solo
sus impactos de una sola vez en las matrices
de pagos (efectos estáticos en la jerga económica),
sino también sus efectos a lo largo de cierto período
de tiempo (efectos dinámicos).
Otro aspecto estratégico
a incluir es el relacionado a la implementación
del plan. Las acciones propuestas por el plan también
deben ser diseñadas en función a su factibilidad
de quedar plasmadas en hechos concretos. Un plan estratégico
no puede ser una mera enumeración de deseos. Debe explicitar
los mecanismos por los cuales se efectivizarían esos deseos
y objetivos. Respecto a este punto, el evaluador tiene que considerar
dos aspectos importantes, la relación con la comunidad
en general y la relación con el gobierno.
El primero en cuanto a que la
ejecución de las políticas propuestas por el plan
influye directa e indirectamente en la sociedad (piénsese
en el impacto ambiental, en los empleos generados por las obras
de infraestructura, en el peso relativo del sector en la economía,
y en la competencia por el gasto público que enfrentan
los diversos sectores, entre otras cosas). Alcanzar una buena
imagen pública del sector, y del proyecto
específicamente, debe ser una meta en sí (una mala
reputación podría entorpecer o incluso frenar la
ejecución del plan). Para ello es importante la divulgación
en diversos ámbitos de los beneficios socioeconómicos
que acarrea la ejecución del proyecto.
El segundo aspecto, la relación
con el gobierno, es fundamental. Sería favorable contar
con la participación del gobierno en la
propia elaboración del plan. Después de todo, gran
parte de las medidas ideadas necesariamente deberán ser
puestas en práctica con su ayuda o directamente por el
mismo gobierno. Su inclusión generaría no solo aporte
técnico y logístico, sino también compromiso.
Pero en referencia a la implementación del proyecto, debe
considerarse que el mismo tiene que justificar el gasto público
a incurrir. De esta manera se llega a que es necesario disponer
de una evaluación socioeconómica (impacto ambiental
incluido), donde se exhiban en forma cuantificada los efectos
globales del proyecto. Aunque un plan sectorial no tiene por qué
redundar en beneficios para toda la sociedad, al menos debe demostrarse
que además de beneficiar al propio sector, el proyecto
no genera mayores costos en el resto de los sectores (en una evaluación
social de proyectos, el gobierno prioriza los emprendimientos
según su rentabilidad socioeconómica). Otro punto
nada desdeñable radica en el hecho de que las medidas de
acción concernientes al gobierno deberían ser esbozadas
en términos de políticas públicas,
esto es, explicitando las obras en forma cuantificable o explayando
en sus mecanismos las acciones de promoción (por ejemplo,
la remodelación de tal puerto especificando caracterización,
dispositivo de funcionamiento, montos de inversión involucrados,
impacto socioeconómico para el sector y la sociedad; la
búsqueda de tal mercado, a través de tal organismo,
utilizando tales políticas, teniendo tales efectos; etcétera).
En síntesis, un
plan estratégico sectorial es tal, porque proyecta a futuro
una serie de acciones y/o posturas ideadas de manera sistemática
con el fin de, a través de su implementación, alcanzar
los máximos beneficios netos posibles para el sector en
cuestión.
Es probable que debido a una restricción
de recursos no tenga el alcance esbozado en este artículo,
pero a mi entender, un plan sectorial debería procurar
no separarse mucho de estos lineamientos al momento de su elaboración.
16 de Marzo de 2007
Elaborado por el Licenciado Juan Pablo Gómez de la Fuente
- ACPA.